La urbe permaneció en silencio, y en su silencio absoluto no proyectó el constante vibrar del viento transitando por los edificios.
Ayer escuché un estallido que derivó en incertidumbre. Ayer cuando todos dormían sin percatarse que su sueño era más profundo que el estruendo. Un sueño inconsciente culminó en la duda mientras que el palpitar de su corazón bajó de tono.
Era mejor así, sin ruidos ni nada. Era mejor así porque la calidez de los rojos se intensificaba, y cada luz sin sonido portaba consigo el sentido de color que anteriormente opacaba. Era mejor así porque no se duplicaban los sonidos en mi mente, dejaba solamente el sonido registrado en la memoria. Era mejor así, aunque todos, ocultos en rincones se exaltaban por el horror de no escucharse.
Tengo que admitir que en un principio me confundí al no escucharme. Pensé en la posibilidad de haberme quedado sordo, de que tal vez mis oídos guardaban cierta presión desatada por la vida. Intenté comunicarme, ´tranquilo, no pasa nada´
Nunca perdí el control, pero no tenía a nadie a quien hablarle comoquiera.
Salí al patio de enfrente y me dispuse a observar. Siempre existen cosas que observar. Muchísimas nubes sin forma pidiendo ser descifradas, las paredes expresivas que transmiten historias de paso, los animales amantes callejeros.
Pienso que en mi sordera aprendería la importancia de no cerrar los ojos.
Los cierro mucho intencionalmente, me desconecto en minutos, me vuelvo grande, pequeño, me siento ajeno, puedo flotar, acostarme, brillar, me dejo morir. Y dejarse morir es una de las cosas más hermosas en la vida; es perdonarse a si mismo.
Ahora si cierro los ojos me hundo en la imposibilidad de escucharme. Porque escuchándome entendía, que aún bajo mi desconexión con la realidad podría volver a ella. Es como aventurarse a caminar por el bosque con una cuerda amarrada a la cintura. La misma cuerda que me ayudaba a salir.
Pero cuando el silencio se torna absoluto y cierro mis ojos, puedo estar donde sea con tan solo imaginarlo, y eso me estremece.
La imaginación no da para más, solo lugares solitarios, peligrosos y con una sensación de encierro. Sentir el viento solo me lleva a la pequeña posibilidad de una ventana abierta. Imaginarmela sin cortinas es aterrador por las paredes grises y por su ausencia.
Y heme ahí sentado y sordo. Viendo toda figura cruzar con su sombra y el sol como un proyector asomándose por detrás de la casa. Es todo lo que sé además del sentimiento.
Vi a mi hijo correr, venía llorando y muy asustado. Me exalté, me puse triste, y le extendí los brazos para protegerlo. Supe rápidamente que no era yo el único que no escuchaba.
Fue sin duda, el abrazo más insípido y desconsolador que he compartido, pues fui poco a poco perdiendo la capacidad de escuchar mis pensamientos.
Que bien recuerdo el día cuando escuché mi voz por última vez.
-Alain Noguez
Y antes de que te cierre la puerta en los ojos, o de que tu me la cierres. Quisiera pedirte un favor enorme; no olvides como yo era antes, pues solo así te llevas realmente lo que me quitaste.
-Alain Noguez
“Me voy de aquí” pensé; bajo el último sustento que me queda, bajo esa atmósfera digna de reconciliación. Podría haber regresado pero no lo hice, y pude haberme quedado inmóvil pero no fui capaz. Lo digo observando con recelo esas arboledas rodeadas de niebla que en conjunto todavía me parecen hermosas.
Todavía considero la brisa y el rocío de madrugada como una forma de promesa, de esas últimas promesas que entrega la vida a uno que piensa en marcharse.
Después las hojas, volando como en otoño, bailando como de fiesta. Ignoran que estoy a un paso de irme. Y al ver las hojas concluyo en la independencia de las cosas.
Viendo hacia atrás, la combinación de frases, rostros y virtudes, la mirada escondida, la aparente, y quien pensó en volar recostándose en el suelo. Todos ustedes son seres que escapan, indispensables, bajo un concepto de amor que promete con intención de marcharse.
Pero este de aquí, con maletas en la espalda, es aquel ser que en su pesadez buscó ser ligero, que con intención de conectar; buscó una sonrisa.
Ahora el mundo se torna pequeño, mi ambiente se vuelve ambiguo, todo fue común y predecible.
Gracias, porque entre banalidades encontré virtudes que me mantuvieron a flote y aunque aprendí los códigos de un rechazo o una despedida; también aprendí los de un consejo y un apego.
Voy a extrañar el mundo inocente como tal, por su afán de mostrarse íntegro bajo su eterna ambivalencia.
Al dar el último paso me pierdo para ver todo desde arriba. Uno también tiene que respetarse algunas veces.
Gracias.
-Atte: Alain Noguez
Al flotar, nada me sujeta. Ni el silencio de una conexión dormida, ni la sombra de un interés pasado. Me voy como energía que desconoce promesas y rostros.
Fuera de esto y de mi, este universo tangible me convierte en un todo. Soy una bestia, un sol, un cordero y un falso profeta que a su vez no es nada. Fuera de esto y de mi, he recobrado la vida, la fuerza y la fé, no por el Dios de promesas, ni por el Diablo en condena, soy más que un alma en espera, soy más que un hombre que juega, soy el alfa y el omega, soy el principio y el fin.
“Basta, deja de temblar” pensé.
En su miedo, sus ojos cristalinos observando los míos, la luz de media tarde filtrada entre cortinas, su pelo, de puntas que rozan el suelo. “Mujer, deja de temblar”
Y cerré mis parpados para no verle, y aunque fuese imposible no sentir su cuerpo vibrar; ignorar su imagen aterrada era un placer a la inocencia.
Recuerdo que en su nombre se hablaba constante, el girar de un mundo en su cabeza, prominente como el basto pacto de sombras y luces que fortifican el volumen. Recuerdo, sin dudar de una imagen, sus brazos largos que parecían ramas incrustadas sobre el suelo, tanto que en los pasillos solía tropezar con antebrazos cuando sus manos miraban al techo. Y en vez de ojos, semillas, que con el tiempo sembraron memorias. Pero su boca… boca invisible de altas palabras, me dijo cosas que entendí solo dormido.
Deja de temblar, que soy humano y te comprendo. Porque aunque tus brazos largos no puedan dar abrazos y tus ojos se cubran bajo tierra; el color de una mujer rota es el hiel de una tristeza.
Abro mis ojos, parece que me observas. Te arrojo una piedra y si desapareces me hundo, si te acercas me aterro. Deja de mirarme, o de temblar. El miedo te toca, a mi me derrumba.
-Independientemente de si lo leeré o no, ¿Me lo prestarás?.
-No suelo prestar libros, pero quiero prestártelo a ti -me dijo.
Tomé el libro y mire con calma el deterioro de la pasta, el color oscuro similar al universo, esos pequeños puntos blancos que podrían confundirse con algo más que estrellas, el grosor de hojas amarillas que indicaban tiempo.
-Gracias -le dije -no me doy tiempo de leer libros últimamente, pero lo intentaré.
¿Vi una sonrisa?, no sé, desvié la mirada. Ahora mi mente ve un libro y se sofoca como si ya no pudiera abordar los textos extensos. Pienso en un vórtice de ideas y vacíos. Nadie escuchó hablar sobre el hombre de las palabras absurdas al consumirse la tarde, pero yo presencié su llanto alejarse por el horizonte. El hombre, como silueta, no tenía ego. Fue la primera vez que lo vi tirar su orgullo y verse a si mismo roto. Hay libros que lo dicen todo, pero ninguno habla de el como una sombra más que como un hombre, como se fue matar al encontrarse llorando.
El libro retomaba el amor como una magia, ahora comprendo que el amor se torna religión y yo cambié de postura.
Quisiera que llueva para sentir que el mundo se estanca,
no sentir que se escapa o que se supera,
Quisiera que llueva para disimular mis lágrimas,
perderme con el agua y que se nuble todo.
Quisiera extirpar el asco de saberme perdido,
y sentir un porvenir o un destino posible.
Quisiera no saber que existieron promesas,
y no terminar viéndolas romperse de nuevo.
Quisiera redimirme a la sincronía del destino,
irme con el agua para dejarlo todo.
Quisiera no estar consciente de su cuerpo,
como un órgano fantasma que me han amputado.
Quisiera no pensar que besarán sus labios,
y saber que mis labios se quedaron secos.
Quisiera abrirme el pecho para sacarlo todo,
aunque duela más y me desangre.
Porque aunque me pare de nuevo y siga con mi vida,
un dolor como este no me lo quita nadie.
Quisiera no saber lo que sé cuando se calla,
la gente se equivoca y hace promesas muy largas.
Quisiera no entender, pero lo entiendo,
y lo que entiendo duele más que las palabras.
-Alain Noguez
Ahora, fragmentadas las palabras sobre hojas
me involucro con su ausencia que muy apenas me toca,
si pienso, que pensar me vuelve inútil muchas veces,
y me vuelve sedentario por la ansiedad que sofoca.
Ahora, que sus besos son privados,
que su pelo, que su rostro, no es mi aurora,
y pensar que sutilmente con un fin desalmado,
comenzó a dejar de amarme poco a poco hasta ahora.
Ahora, que sus sombras se me escapan,
que en promesas fomentaron un amor tan vacio,
miro las cartas, los versos, los regalos que matan,
y me asombró al darme cuenta que el amor era mío.
Ahora, menos no podría sentirme,
si imaginé casi posible sincronizar nuestros sueños,
ella soñaba y yo la veía sin dormirme,
quisiera haber retenido aquellos parpados pequeños.
Ahora, que ha despertado del trance,
¿Cómo podría enamorarse de alguien enamorado?
quien lo dejó casi todo por estar a su alcance,
ya que si no de otro modo yo podría haberme marchado.
Yo se que tu conciencia te deparó un destino,
yo se que ahora retomas un camino a seguir,
entiendo que el trabajo y las pocas situaciones
te hayan quitado todo lo que te hacía vivir.
Te hacían aún más feliz muchas otras situaciones,
si hubieses sido libre no me habrías conocido,
ahora que me doy cuenta, la verdad que se impone,
fui más como un escudo que te cubrió del frio,
llegó la primavera, te quitaste el abrigo,
y lo dejaste en el suelo para lanzarte al rio.
Ahora alzas tus penas arrojándolas en mi alma,
pues yo fui aquel que no notó tu recelo,
creí que los “te amo” significaban te amo,
creí ver desbordarse felicidad por tu pelo.
Perdóname si acaso entre sonrisas y besos,
no haya notado el grito de sentirse atrapada,
creí que las mareas juntarían nuestros rostros,
y muy probablemente no nos faltaría nada.
Ahora cuentas lo malo, que yo soy un verdugo,
que no deje de amarte cuando querías volar,
que si me pedías algo te respondía con un beso,
creyendo que muy dentro eso te iba a llenar.
Pedías cosas tan fuertes con los labios cerrados,
rodeándome en tus brazos, brindándome tu amor,
y yo muy convencido seguía dando mi vida,
a veces acertaba, a veces “solo no”
Creí que tus pupilas se dilataban al verme,
que tus ojos volaban en una paz insaciable,
llegaste a odiar tu mundo hasta dejar de quererme,
llegaste a odiarlo todo y yo sin dejar de amarte.
Ahora, que ya no soy suficiente,
me culparía a mi mismo por no hacerte feliz,
ya sé que de otro modo habría sido diferente,
que ya tu sin palabras solo huiste de mí,
me queda preguntarme día tras día si es posible,
si existe algo en el mundo que me aleje de ti.
autor. Alain Noguez
Dos cuartetos de versos eneasílabos, una cuarteta de versos eneasílabos, una estrofa de cuatro versos con forma “aaba” con hemistiquios en el primer y tercer verso, separados en pentasílabos, y versos eneasílabos en el segundo y cuarto, seguido de un verso igualmente con hemistiquios pero con forma “aabb”, otras dos estrofas iguales y un final de cuarteto con versos eneasílabos.
El sol que todo calla
Autor: Alain Noguez Alfaro
Ahora el silbar de las ventanas
retozará en su melodía,
las oraciones que algún día
solventarán por las mañanas
Quien se refugie de oraciones
o le engrandezca todavía,
el soplo en pos de la osadía
camino a optar de bendiciones
Pasó a su vez que han desertado,
pues la oración ya no les basta,
disolverán lo que han dejado
por el silencio de la casta
Y en su pasado - en el tormento,
o en un derroche de lo incierto,
han conspirado – sus oraciones,
que soplarían la voz del viento
Se ven en verso – verso hemistiquio,
conmemorando aquel vestigio
ese que aflige – ese que llora,
ese que en paz se conmemora
Pasó a su vez que – indiferente,
como al rezar lo inexistente,
su compañía – un soliloquio
postró cuestiones en su frente
Dudaron todos – del Dios perfecto,
de un sol cautivo que en efecto;
se fue brillante – ante la luna
infiel estrella que no cura
Ahora el silbar de las ventanas
retozará en su melodía,
sincera paz que en rebeldía;
se opondrá al sol que todo calla.